lunes, 22 de marzo de 2010

Aquella noche dominaste mi pensar. Inundaste mi vida de ti. Te logré sentir más cerca de lo habitual. No recuerdo haberme perdido jamás en alguien así. Sentí su piel, suave como la seda. Una sonrisa especial, deslumbrante. Por primera vez en años me sentía segura cerca del sexo masculino. Logré cerrar los ojos y dejar que el momento me domine. Me sentía perdida pero a la vez sabía que mi rumbo estaba en el alineamiento correcto. Grabo el recuerdo y pongo play. Sus manos acariciaban mi cara, suavemente se deslizaban sobre mi cuerpo. Sus labios besaban los mios lentamente. La noche era simplemente perfecta. En los momentos junto a él me perdía, de buena manera ya que lograba conquistar todo mi ser. Me sentía en la popa del titanic, al borde del abismo. Mi cara húmeda pero no por causa del mar. El recuerdo me pierde, no siento la necesidad de seguir recordando momentos que tan feliz me hicieron que hay humedecen mi cara porque se que no volverán a ser reales. No siento la necesidad de seguir desparramada en una cama teniendo la noción de que las cosas no volverán a ser iguales, iguales a esa noche que tan presente tengo. La necesidad del olvido me abruma. El tiempo simplemente me hizo ver cuánto se puede amar y de la misma manera sufrir, aunque el dolor haya sido mayor. Me invade la tristeza con el simple pensar para poder expresarlo. Siento un hueco en el pecho, lo quiero dejar morir de una vez, se lleva mis pensares y me trae las tristeza. Esa noche definitivamente aprende a olvidar

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